Magia blanca

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Desde tiempos remotos, el simbolismo del color ha estado presente en el quehacer humano. Desde entonces, muchas personalidades hicieron aportes destacados al análisis del color, entre ellos Isaac Newton, quien experimentó con diferentes propiedades de la luz.

Newton hizo pasar un rayo de luz a través de un prisma, logrando en su descomposición la observación de siete tonalidades. Esto le llevó a concluir que los colores no estaban relacionados con los objetos, sino con cualidades de la luz, especialmente con el hecho de cómo esta puede ser refractada. Basado en sus experimentos, el inglés científico planteó que existen dos tipos de colores: originales o simples, y los creados de la mezcla de los anteriores.

Pero fue el alemán Johann Wolfgang von Goethe el precursor de la psicología del color, quien oponiéndose a la teoría puramente física de Newton, propuso que el color depende de nuestra percepción, en la que se hallan involucrado el cerebro y los mecanismos del sentido de la vista. Según la teoría de Goethe, lo que vemos no depende de la materia o de la luz, y es entonces cuanto entra en juego la subjetividad.

El estudio más reciente sobre el color fue desarrollado por Eva Heller, quien se basó en el trabajo hecho por Goethe para explicar como actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Heller plantea que la asociaciones entre colores y sentimientos no son cuestión de gusto, sino experiencias universales enraizadas en el lenguaje y pensamiento. Su teoría incluye una larga lista de tonos con adjetivos asociados.

Como ejemplo podemos citar las palabras relacionadas con el blanco: pureza, inocencia, bien, verdad, ideal, perfecto, objetividad, ligero, comienzo.


Cocinas inmaculadas

El análisis de la percepción e influencia de los colores hace parte del día a día de quienes trabajan en disciplinas como el diseño y la arquitectura.

El blanco fácilmente puede ser unos de los colores más subestimados en el mundo del diseño; sin embargo, la simplicidad clásica de este tono es un telón ideal para vestir una cocina. Como corazón del hogar, la cocina debe ser un espacio acogedor, reconfortante, fresco, y el uso del blanco es una excelente manera de evocar estos sentimientos.

A favor de este tono vale decir que las cocinas blancas resisten la prueba del tiempo. Un blanco marfil, por ejemplo, otorga un aspecto sutilmente elegante que no pasa de moda. Una isla, gabinetes o encimeras de color nieve se presentan como la base perfecta para que destaquen los electrodomésticos.

 

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Otra ventaja del blanco es la sensación de amplitud. Durante el día, no es raro pasar más horas en la cocina que en cualquier otro lugar de la casa, por ello es importante considerar el diseño para lograr la sensación de espacio. Además, las paredes blancas permiten atractivas combinaciones con suelos en diversos tonos y texturas.

Un último aspecto relevante es el juego que puede lograrse con la luz y los detalles de color. Una gran ventana, una pequeña maceta con romero o albahaca, y algunos objetos utilitarios de madera -como pueden ser un porta-cuchillos o un juego de cucharas- capturan la esencia de la naturaleza para dar un toque de vida a una cocina blanca, sin restarle encanto al minimalismo que inspira este color.

Entre tantas asociaciones, el blanco también se relaciona con la honestidad. ¿Por qué no tener una cocina honestamente impactante?

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